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Editoriales

Editorial · 7 de agosto de 2026

La cadena que no hemos visto

Hace casi tres años notamos un aumento en el número de tranfusiones puerperales en un hospital del sur de Chile, tras haber iniciado un protocolo estricto de profilaxis para la hemorragia posparto. Una concatenación de hechos, nos hizo acercarnos a un punto en el que los descubrimientos tuvieron que ser la consecuencia natural de un sistema que nunca tuvo respuestas, ni siquiera para sus propias resoluciones.

La hemorragia posparto sigue siendo una de las emergencias más temidas de la obstetricia. Buena parte de la seguridad moderna del parto descansa en la oxitocina: un medicamento antiguo, barato y tan familiar que resulta fácil dar por descontado. Cada vez que administramos una ampolla de 5 o 10 UI asumimos, sin decirlo, que la dosis en la etiqueta es la dosis que realmente llega a la paciente. Esa suposición depende de una cadena de frío intacta desde la fábrica hasta la jeringa.

Esto no es una pregunta abierta a nivel internacional. La OMS exige oxitocina de calidad asegurada conservada entre 2 y 8 °C, y reconoce que su eficacia se compromete fuera de ese rango. Parte de la innovación farmacológica reciente —la carbetocina termoestable, impulsada por el programa REACH de la OMS— existe precisamente para no depender de esa cadena. El problema está resuelto en la literatura. Lo que no está resuelto es si Chile —y probablemente buena parte de Latinoamérica— puede demostrar que esa cadena efectivamente existe.

La señal regulatoria. En abril de 2012, con nueve días de diferencia, el ISP aprobó dos folletos de oxitocina con condiciones de almacenamiento distintas: uno indicaba "no más de 25 °C", el otro "entre 2 y 8 °C". No es prueba de error —podrían existir formulaciones o estudios de estabilidad distintos—, pero sí es una pregunta regulatoria legítima que nunca se ha respondido públicamente.

La señal de mercado. En febrero de 2023, el ISP retiró una serie de oxitocina 5 UI/mL de Laboratorio Biosano tras una denuncia por efectividad: las contramuestras arrojaron un resultado fuera de especificación en la valoración del principio activo. No sabemos si la causa fue térmica ni si es extrapolable a otros lotes. Pero confirma que en Chile ya se documentó al menos una ampolla clínicamente usada cuya potencia no correspondía a lo declarado.

La señal clínica. En distintas maternidades chilenas donde hemos trabajado, no ha sido posible demostrar una cadena de frío continua y trazable hasta el punto de uso. No es una muestra representativa ni permite estimar prevalencia. Es una observación repetida que, tratándose de seguridad materna, merece convertirse en dato.

¿Y el resto de la región? No tenemos evidencia directa fuera de Chile — esto hay que decirlo con toda claridad. Pero las condiciones que hacen posible una falla de este tipo —clima cálido, logística heterogénea, fiscalización farmacéutica desigual entre países— no son exclusivas de Chile ni excepcionales en Latinoamérica. Es una hipótesis razonable, La tratamos como tal hasta que existan datos que la confirmen o la descarten.

Lo que proponemos. Una encuesta nacional anónima entre profesionales del circuito real de la oxitocina, sobre cómo se recibe, almacena y transporta el medicamento hasta el momento de uso. Sin identificar personas, hospitales ni comunas. Si la cadena resulta consistente, tendremos una respuesta tranquilizadora. Si no, habrá fundamento para una segunda etapa que necesariamente requerirá la participación de los organismos contralores. No para explicar más de 10 años de despropósito, sino para que se cumpla efectivamente el compromiso que han adquirido con la mujer chilena que parece seguir luchando un número excesivo de veces con sangrados del puerperio inmediato y sus consecuencias.

CEDIP no necesita tener la razón. Si los datos muestran que la cadena es segura, habremos descartado una preocupación legítima. Si muestran lo contrario, habremos identificado una brecha corregible con una intervención extraordinariamente simple. En cualquiera de los dos casos, nuestra impresión será reemplazada por evidencia.

Cuando administramos 5 UI de oxitocina queremos hacerlo con la convicción que el efecto será proporcional a esa magnitud. La pregunta no es si la oxitocina necesita una cadena de frío — eso ya el mundo lo sabe. La pregunta es si se la estamos proporcionando.

Ricardo Gómez / Director del Cedip / Subespecialista en Medicina Materno-Fetal Hospital de San Fernando